jueves, 9 de mayo de 2024

 











Prólogo 

Para conocer la luz hay que entrar en la oscuridad

A Carolina Toro Castillo, autora de esta interesante novela, la conocí hace tres años, cuando me la impusieron como co-equipera en un curso para la Universidad de Antioquia. Un día, mi coordinadora en ese momento, me dice, “bueno, ya tengo una compañera para que desarrolle contigo el curso sobre escritura de mujeres. La conocí en mi estancia en México. Es escritora y se proyecta muy bien para esta iniciativa. ¿No te parece muy interesante, un curso que vincula a México y Colombia?” Desde luego que me gustó la idea, pero dirigir un curso con alguien que no conocía, esa parte no me atraía tanto. Sin embargo, ya estaba decidido, así que simplemente pensé que ensayaría, a ver qué tal funcionaba. Transcurrió un tiempo corto, ahora no recuerdo cuánto, y ya tenía claro que esta era una de las mejores imposiciones que había tenido en mi vida.

Esta compañera docente realmente hizo equipo. Descubrí a una escritora muy dinámica, que ya tenía experiencia en narrativa y había recibido un premio por uno de sus libros. Además, era locutora, creadora y directora de Letra Viva, un podcast sobre literatura sonora. Así mismo tenía una mirada muy profunda de los otros, del mundo, de la creación literaria, con una gran pasión por todo lo relacionado con la escritura, por la formación de otros en los talleres sobre el oficio de escribir, pero, sobre todo, con una actitud muy cálida y fresca.

Si pudiera hablarse de alguien que ilumina con su presencia, perfectamente Carolina Toro podría estar allí. Decir esto parece irrelevante en un prólogo, ¿acaso no nos interesa más la novela, de qué se trata, si es una obra que vale la pena leer, antes que saber de las cualidades personales de su autor o autora? Efectivamente es así, una novela nos engancha independientemente de la personalidad, la bondad o mezquindad de su autor.

Tal vez inicié con las cualidades de la autora y de ese brillo suyo que contagia, porque al leer por primera vez el borrador de su novela, me sorprendió: “¿puede alguien como ella escribir esto?”, fue mi primera pregunta. “¿Cómo hizo para crear un personaje protagonista de esas características? ¿Cómo, siendo ella, pudo crear ese universo que es la novela?” Y es que desde el inicio había algo que no me cuadraba. Algo que me hacía formular una y otra vez estas preguntas que menciono: “¿Cómo alguien con esa calidez y que emana tanta luz puede crear un personaje tan gris como Nando?”

En La conspiración de las palomas hay una apuesta muy interesante: crear un personaje que va por la vida imaginando lo peor, pero más que imaginándolo, viéndolo, y por qué no, como en la profecía autorrealizada, creándolo. Esta es una obra que sacude y lo hace porque abre la puerta al mundo interior de Nando, uno muy gris. Como lectores, nos hace pensar en seres que conocemos y se le parecen: huraños, alertas y con las barreras a la mano, pero a los que solo vemos desde lejos. Seres que no alcanzamos a entender. ¿Qué veríamos si pudiéramos entrar a su casa?, ¿qué escucharíamos si pudiéramos oír sus pensamientos?

Seguramente, serían muy distintos a este protagonista, pero conocerlo permite interrogarnos en nuestra mirada frente a estos otros más cercanos.

En Psicología, especialmente en el psicoanálisis, encontramos que la literatura ha sido fuente para descubrir muchas de las lógicas del psiquismo humano. Es decir, cómo procesamos los estímulos que están a nuestro alrededor, cómo nos hacemos sujetos en una determinada época, qué cosas obsesionan, cómo se construyen las relaciones, cómo nos determina el vínculo, o incluso, cómo un sistema socio-económico marca nuestras formas de vivir, por ejemplo, la intimidad. Dice el escritor checo Milán Kundera en El arte de la novela, que los escritores, especialmente los novelistas, tienen la capacidad de capturar algo del ser que, según Husserl, la filosofía y la ciencia han dejado por fuera. Esa fue mi impresión y mi asombro con esta novela.

Inicialmente, no tenía tan claro qué era eso que había intuido Carolina como autora, por qué ese protagonista se me ponía en frente con su halo de “mierda de ave”. Primero, salió a relucir la psicóloga que llevo dentro: es un hombre con un trastorno mental. Esa fue la salida fácil. Ver unos signos, manifestaciones delirantes quizá, rumiaciones, alucinaciones. Y es que, dejarlo de ese modo, es situarnos desde el desconocimiento de la otredad, categorizar para diferenciarnos y distanciarnos de aquello que nos repugna del otro.

Sin embargo, intuía que esta obra iba mucho más allá de eso: un universo oscuro de los que no se acomodan al mundo en el que viven, un mundo que les exige interacción (las famosas habilidades sociales y la adecuada gestión de las emociones). Un mundo en el que aquellos que no alcanzan a lucir estas características se van quedando solos. Al mismo tiempo, la autora nos lleva a las lógicas de este hombre. Nos muestra cómo lee él el mundo, de dónde extrae aquellas conclusiones que no le dejan otro camino que, al no encajar, autoexcluirse.

Esta novela, seguro dará de qué hablar: un protagonista hombre, bien singular, creado por una escritora, un protagonista con todo su cuerpo puesto allí, con sus necesidades afectivas y sexuales, con sus miedos, con la madre metida en su cabeza, ¿o en su cuerpo? Esta obra, intuyo, muestra algo de esas coordenadas que marcan una subjetividad. Creo que también alerta un poco sobre ese fenómeno contemporáneo de una producción masiva de seres solitarios, ansiosos, temerosos del mundo. Nando, se las arregla con el control del televisor, con los canales que tiene allí para pasar su tiempo, para imaginarse acompañado por esos otros virtuales.

Si se pudiera ubicar esta novela en una tradición literaria, en cuanto a características del universo construido, estaría cercana a algunos clásicos como La metamorfosis de Kafka, El extranjero de Camus o a algunos personajes de Carson McCullers; en Latinoamérica, quizás con algunos trabajos de Juan Carlos Onetti, Mariana Enríquez, Amparo Dávila y Marvel Moreno. En estas obras aparecen muchos personajes en los que se explora una realidad que bordea la locura o que, viéndolo desde otro ángulo, son personajes que parecen extranjeros siempre. Hay algo en ellos que los aleja del mundo compartido de los otros, los deja al margen. Claro está que, conociendo a la autora, sé que me diría que no puedo dejar a García Márquez por fuera, pues fue una lectora asidua de él. Y pensándolo bien, aunque suene a lugar común, algo de lo extraño que le sucede al protagonista de esta obra podría pertenecer a ese tan llamado realismo mágico, sello latinoamericano.

No he querido preguntarle a Carolina Toro los detalles de la construcción de esta obra. Quería hacer el trabajo de lectora desprevenida, intentando atar cabos por mi propia cuenta. Sé que los lectores siempre nos acercamos a la obra desde nuestra propia experiencia y los marcos que tenemos para leer el mundo. Tal vez con esto, logro explicar que mi asombro inicial con esta novela, la produce una escritora que cuando toma el bolígrafo o el teclado adquiere esa clarividencia que le permite poner sobre la mesa y ante los ojos, lo que de otro modo sería muy difícil. Ahí está la experiencia en el oficio. Espero que, a quienes tienen esta novela en sus manos, les suceda algo similar; y conocer la oscuridad con la que el protagonista de esta historia pinta el mundo, les de luces para entender mejor el suyo y el de muchos, que se hacen invisibles en esta sociedad donde se pregona el optimismo, la sociabilidad y la felicidad como imperativos.

María Orfaley Ortiz Medina

Psicóloga, escritora,

co-equipera en Madreletra

Antioquia, Colombia

María Orfaley Ortiz M.

Mi foto
María Orfaley Ortiz Medina, (Antioquia). Psicóloga, especialista en estudios sobre la Juventud y Magister en Psicología (Universidad de Antioquia). Actualmente trabaja como docente en en los programas de psicología de la Universidad de Antioquia y la Universidad Eafit. Obras publicadas: Extraño nacimiento en Obra Diversa, antología del Taller de Escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, 2007, Cuento Ojalá no pregunte y ensayo “De la vida breve o la experiencia creadora en Obra Diversa, antología del Taller de Escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, 2010. Literatura infantil: Nucamono quiere saber (2008), Lucy (2009), Almas de madera (2010), El Misterioso Libro de papá (2011), De sapos y trampas (2012) y Ese día no salió el sol (2015) Editorial Libros & Libros; Libros (Bogotá); Ha publicado también distintos artículos de psicología aplicada en el área educativa y social, así como artículos sobre literatura.